Resulta que las proezas de ingeniería de la moda de Johanna Parv envejecen bien; diseña meticulosamente y selecciona con esmero tejidos resistentes y aptos para cualquier condición meteorológica. A sus piezas les sienta bien la pátina, como ejemplifica un gigantesco bolso tipo tote colocado en una esquina durante la presentación de su colección de primavera; el nailon crujiente estaba rozado y arañado debido a las piedras sobre las que lo había apoyado durante unas vacaciones en Marsella. Como la mayoría de las cosas que lanza al mundo, fue hecho para «resistir a los elementos», tal como afirmó en la presentación.

Experimentar de primera mano un verano en Londres ––con sus temperaturas sofocantes de casi 40 grados y su polvo denso–– llevó a Johanna Parv a diseñar una cápsula protectora para la primavera. No se trata de indumentaria literal de ciencia ficción (aunque el clima empieza a resultar preocupantemente surrealista), sino de ropa que mantenga legítimamente cómodos a los habitantes al desplazarse por espacios urbanos.

La paleta de colores reflejó la bruma urbana contaminada y polvorienta que ha observado: tonos arena que recuerdan a los parques desesperadamente secos, negro carbón ahumado y destellos frescos de azul que evocaban cielos más o menos despejados, distorsionados por los gases persistentes. Los neutros inalterables de Johanna Parv se mantuvieron, pero estas intermitentes inyecciones de color aportaron mayor energía y dinamismo a sus siluetas de alta funcionalidad.

Las chaquetas, confeccionadas en lana impermeable elegida por sus propiedades termorreguladoras, constituyeron la máxima expresión de moda y funcionalidad. «Me gusta bastante el contraste de usar lana para el verano», declaró Parv. Su ligera manipulación del material ––que también abarcó una chaqueta de solapas de muesca y unos capris de mezclilla de lana y algodón, además de un lujoso conjunto de merino compuesto por pantalones de descanso y un polo de manga corta–– defendió con fuerza su uso en los meses más cálidos.

Los habitantes de Londres conocen la probabilidad de verse sorprendidos por un chaparrón; por suerte, el conjunto de gabardina repelente al agua de Parv, inspirado en una silueta vintage y concebido como un híbrido entre gabardina y ropa de ciclismo, ahuyentaría la lluvia. Las exploraciones en lino ligero y transpirable ––al que Parv comparó con el aluminio por sus cualidades moldeables–– y una falda de punto circular con bragas incorporadas que tardó un año en desarrollarse resultaron más típicas de la temporada primaveral. Lo mismo ocurrió con las camisas de algodón a rayas, provistas de bolsillos altos y profundos en el pecho inspirados en los maillots de ciclismo de los años 50 y 60.

La prensa y los talentos están acostumbrados a presenciar un desfile coreografiado de Johanna Parv según el calendario, pero esta vez fueron invitados a una exposición comisariada. La ocasión pareció un homenaje a los entusiastas de la moda de Londres y a la Semana del Diseño de Londres (eventos coincidentes), al igual que la ropa.

Para ambientar la escena, los espectadores fueron conducidos a una habitación oscura decorada con esculturas estáticas de varillas colgantes que emulaban una especie de forma humana, con hombros y caderas de metal reforzado. El espacio negativo mostraba la caída de la ropa sobre ellas, la cual pendía a modo de armadura debido a los refuerzos, uniones, cremalleras y costuras.

En una pared se proyectaron videos urbanos de su alineación de cuatro personas: Saša Štucin, integrante del dúo de diseño Soft Baroque; la chef Imogen Kwok; la artista y ceramista Phoebe Collings-James; y la arquitecta Nara Lee, elegidas por sus disciplinas cruzadas, sobre las cuales fueron filmadas hablando en clips adicionales mostrados en pantallas grandes en la habitación contigua.

Al ser interrogadas sobre su relación con el ritmo ––en consonancia con el nombre y tema de la colección, «Tempo»––, las mujeres ofrecieron una visión íntima de las prendas. En cuanto a la relación de Parv con el ritmo, su práctica y ejecución son lentas y meditadas; se detiene en cada detalle. Hay una velocidad perdurable en la ropa, pero no es en absoluto efímera. Al igual que el desgaste de aquel bolso, envejecerán bien y te mantendrán a salvo, sea cual sea el tiempo.