Como padre, entiendo que es deseable que los niños tengan experiencias positivas con profesores que cultiven sus fortalezas y les ayuden a compensar sus debilidades. Sin embargo, los profesores son personas con sus propias personalidades. No hay forma de que todos los profesores encajen perfectamente con todos los alumnos. Del mismo modo que los estudiantes tienen diferentes estilos de aprendizaje, los profesores tienen diferentes estilos de enseñanza, y habrá momentos en los que la coincidencia entre profesor y alumno no sea perfecta.

Tal vez la personalidad del profesor sea estricta y el niño prefiera la compasión, o tal vez el profesor sea muy estricto con los detalles y el niño sienta que las calificaciones son injustas. Esto no solo ocurre durante la experiencia escolar de un niño, sino que también sucederá a lo largo de su vida. El estilo de gestión de un supervisor no siempre será del agrado de todos sus empleados. A lo largo de mis artículos en esta columna, he analizado continuamente lo importante que es para los niños y los adolescentes tener la oportunidad de practicar habilidades para la vida durante su infancia.

Pues bien, tener un profesor que no encaje a la perfección es una gran oportunidad para practicar la tolerancia, la paciencia y la empatía ante las diferencias individuales. Esforzarse un poco más para que funcione es algo positivo. Cuando los padres expresan abiertamente su desaprobación hacia los profesores de sus hijos, le dan al niño una excusa para evitar asumir responsabilidades. El niño puede empezar a culpar a las políticas de calificaciones del profesor, a la discriminación o a sus escasas habilidades de enseñanza como la razón para no esforzarse en clase.

Así que, en lugar de sacar una B (cuando quizás merecían una A, lo cual podría ser injusto), consiguen una C, castigos en la hora del almuerzo y/o se sienten enfadados durante todo el año. Además, dado que es más fácil culpar a otra persona que asumir la responsabilidad, esto puede convertirse rápidamente en un patrón. Los niños tienen la opción de decidir cómo afrontan la adversidad, y como padre, usted puede ayudarles a superar estas situaciones difíciles fomentando las habilidades sociales y la resolución de problemas.

Ya sea que una situación sea verdaderamente injusta o no, los padres nunca deben poner a sus hijos en el papel de víctima. Una vez que un niño siente que es la víctima, puede dejar de asumir responsabilidades y sentir que todos los problemas son culpa de otra persona. Por otro lado, si los padres guían a sus hijos para afrontar la situación, entonces practican cómo lidiar con situaciones interpersonales difíciles. Algo positivo a partir de algo negativo.