La película de Sergei Loznitsa, Two Prosecutors, trata sobre un joven abogado que cree en el estado de derecho. Vive, por desgracia, en uno de los peores momentos y lugares posibles para tal idealismo: durante las purgas de Iósif Stalin en la década de 1930.

Sin embargo, el idealista más engañado de la historia no es este fiscal novato, un hombre lo suficientemente ingenuo como para escandalizarse al enterarse de que un prisionero inocente está siendo torturado. Es el propio prisionero, que piensa que Stalin podría intervenir y arreglar las cosas si tan solo supiera lo que la policía secreta local ha estado haciendo.

Incluso un bolchevique puede creer en una versión del zar bueno y los boyardos malos. Cómo termina la historia de Loznitsa no sorprenderá a ningún espectador con conocimientos de historia soviética.

Pero sí resulta una sorpresa para el protagonista, y la película extrae un drama genuino —y algo de humor muy negro— de su camino hacia un destino inevitable.