Aprender otro idioma es una actividad mental altamente compleja. Requiere que las personas recuerden palabras, distingan sonidos desconocidos, reconozcan patrones, elaboren reglas gramaticales y recuperen la expresión adecuada en el momento justo.

Todo esto ocurre mientras se escucha, se interpreta y se prepara una respuesta. ¿Podría toda esta actividad mental también ayudar a mantener un cerebro envejecido más sano? La investigación sugiere que sí.

Las preocupaciones sobre la memoria y la demencia pueden hacer que los adultos mayores busquen formas de ejercitar su cerebro y mantener su función cognitiva, ya sea resolviendo crucigramas o tocando un instrumento musical.

El aprendizaje de idiomas puede no parecer el mismo tipo de ejercicio cerebral, pero es una actividad compleja que involucra varios procesos mentales a la vez. Soy lingüista y estudio la adquisición, el uso y la pérdida del lenguaje.

Mi nuevo libro, Beyond Words: How We Learn, Use, and Lose Language, examina el lenguaje y la mente a lo largo de la vida de las personas. La investigación sugiere cada vez más que el aprendizaje de idiomas y el bilingüismo pueden ofrecer beneficios cognitivos, incluso para los adultos mayores.

Aprender otro idioma también puede crear oportunidades para la comunicación y la conexión social. Un entrenamiento para el cerebro.

El cerebro de una persona sigue siendo capaz de cambiar a lo largo de su vida. Esta capacidad de adaptación en respuesta a la experiencia se conoce como neuroplasticidad.

Aprender sonidos, vocabulario y patrones gramaticales desconocidos requiere que el cerebro forme y fortalezca conexiones. El aprendizaje de idiomas involucra varios procesos mentales a la vez, exigiendo a las personas absorber y recuperar información, notar cuando algo no funciona y ajustarse.

Este esfuerzo mental sostenido hace que el aprendizaje de idiomas sea una forma particularmente rica de ejercicio cognitivo. La investigación sobre el bilingüismo ha encontrado diferencias tanto en la materia gris del cerebro, que contiene neuronas y sus conexiones, como en la materia blanca, que consiste en gran medida en fibras nerviosas que conectan diferentes partes del cerebro.

Los estudios han demostrado una mayor densidad de materia gris o una mayor integridad de la materia blanca en personas bilingües, en comparación con personas que hablan un solo idioma.

Estos hallazgos sugieren que la experiencia lingüística puede reflejarse en la estructura del cerebro, así como en su actividad. Pero las diferencias cerebrales son solo una parte de la imagen.

El cerebro a medida que envejece. Una de las razones por las que los investigadores se interesan por el lenguaje y el envejecimiento es la idea de la reserva cognitiva.

Este término se refiere a la capacidad de mantener la función cognitiva a pesar de los cambios relacionados con la edad o el daño al cerebro. Se ha propuesto el bilingüismo como un factor que puede ayudar al cerebro a lidiar con los efectos del envejecimiento, porque gestionar dos idiomas impone demandas continuas sobre la atención y el control cognitivo de las personas, ayudando en última instancia a fortalecer la reserva cognitiva.

Algunos estudios han encontrado que las personas bilingües que desarrollan demencia muestran síntomas a una edad más tardía que las personas que hablan un solo idioma.

Esto sugiere que el bilingüismo puede proporcionar cierta protección contra los efectos del envejecimiento cerebral, aunque no necesariamente previene la demencia o los cambios cerebrales asociados con ella.

Por lo tanto, el beneficio potencial puede ser una mayor resistencia frente a esos cambios, en lugar de la prevención de la enfermedad subyacente.

的学习 Aprender más tarde en la vida. Esto plantea otra pregunta: si el bilingüismo durante toda la vida puede ayudar a proteger el cerebro a medida que envejecemos, ¿pueden las personas obtener beneficios similares al aprender un idioma más tarde en la vida?

La edad cambia la forma en que se aprenden los idiomas, pero los adultos siguen siendo capaces de aprender nuevos idiomas a lo largo de la vida. Los adultos y los niños aportan diferentes fortalezas a la tarea.

Los niños tienden a tener ventajas con la pronunciación y algunos aspectos de la gramática, mientras que los adultos aportan vocabularios más amplios y estrategias de aprendizaje mejor desarrolladas.

Las investigaciones que involucran a adultos mayores sugieren que aprender un idioma puede producir beneficios cognitivos, aunque los hallazgos son mixtos.

El beneficio potencial puede provenir menos de lograr la fluidez que del proceso de aprendizaje en sí. El aprendizaje de idiomas es un desafío sostenido que mantiene a las personas aprendiendo, practicando y adaptándose.

También hay beneficios sociales. Aprender otro idioma puede profundizar la comprensión cultural, mejorar la comunicación interpersonal y alentar a las personas a empatizar con las perspectivas y experiencias de otros.

También puede conectar a las personas con otras de diferentes antecedentes lingüísticos y culturales, creando oportunidades para la conversación y la amistad.

No existe una fórmula establecida sobre cuánta cantidad de aprendizaje de idiomas se necesita para proporcionar estos beneficios. Los estudios han utilizado desde instrucción intensiva en el aula hasta sesiones diarias cortas con aplicaciones de aprendizaje de idiomas, durante períodos que van desde semanas hasta meses, para ver si el aprendizaje de idiomas puede mejorar la función cognitiva.

En lugar de un número mágico de horas, lo que importa puede ser el compromiso sostenido en una actividad desafiante como aprender un nuevo idioma.

Construyendo resistencia cognitiva. Aprender otro idioma no es una cura milagrosa para el envejecimiento y no puede garantizar protección contra la enfermedad de Alzheimer u otras formas de demencia.

Pero es una forma inusualmente rica de actividad mental. Quizás la forma más útil de pensar en el aprendizaje de idiomas no es como una forma de mantener el cerebro joven, sino como una forma de apoyar la resistencia cognitiva, la capacidad de seguir aprendiendo, adaptándose y funcionando a pesar de los cambios que vienen con la edad.

El envejecimiento cambia inevitablemente el cerebro, pero las personas conservan la capacidad de aprender durante toda la vida. Mantener nuestros cerebro comprometidos en nuevas actividades exigentes puede contribuir a esa resistencia.

Karen Stollznow, investigadora sénior de lingüística en la Universidad de Colorado en Boulder, la Universidad Griffith y la Universidad de Nueva Inglaterra. Este artículo se republica de The Conversation bajo una licencia Creative Commons.